Ana María Matute

matuteHace algún tiempo, de regreso de un viaje a Barcelona, coincidí en el Euromed con esa insigne escritora que es Ana María Matute. No me di cuenta de su presencia hasta que había transcurrido algún tiempo ya que entró por una puerta trasera a mi asiento y se sentó detrás de mi.

Yo estaba sentado en esos asientos individuales y ella, también, pero dos más atrás. Yo saboreaba una copa de cava que las azafatas me ofrecieron y según oí, ella la rehusó pero accedió a tomarse un zumo.

No quise de ningún modo incomodarla con mi presencia pero tenía unas ganas terribles de mantener una charla con ella, sabedor de que su sabiduría e inteligencia sólo podían aportarme unos momentos muy gratificantes.

Había leído unos cuantos libros de ella, no muchos, pero el último “Olvidado Rey Gudú” me había impactado por su creatividad, desarrollo y narración. Me había gustado mucho y sentía que esa mujer de cabellos blancos que estaba sentada unos asientos detrás mío, era una gran persona y mujer.

Me levanté con la excusa de ir al WC y así, al pasar por su lado, pude mirarla fugazmente y vi por su expresión, que parecía ser una persona afable.

Cuando regresé a mi asiento, ella, al cabo de unos instantes, se levantó y al pasar por mi lado hizo algo que yo fui incapaz de hacer en su momento. Saludar.

Me sentí mal porque no había sido educado cuando había pasado por su lado por temor a ser un pesado, pero respondí con mi mejor sonrisa a esa dama. Y ese momento, fue como si se disparase el “pistoletazo de salida”. Lo aproveché para saludarla y entablar conversación con ella.

Fue una conversación muy emotiva para mi porque me dio la oportunidad de intercambiar opiniones sobre algunos temas y conocer de primera mano, su voz, su forma de expresarse y su presencia física.

Le comenté que había leído algunos de sus libros y cuando me preguntó por sus títulos, me ocurrió eso que llaman el “miedo escénico” y de pronto, mi memoria se bloqueó y no recordé ninguno. Con una vergüenza terrible me esforcé por recordarlos y al final, con un montón de excusas, le dije, entre otros que ahora no recuerdo, “Olvidado Rey Gudú”.

Ella sonrió y me dijo, con el tono de quien reprende cariñosamente a su nieto: “Ha de leer alguno más”. Le respondí que así lo haría.

Seguimos charlando y me contó que iba a Valencia a una presentación a la que estaba obligada por su Editorial. Al cabo de un rato y después de preguntarme sobre otras cuestiones, se despidió de mi y se fue a caminar un rato.

Cuando llegué a mi destino, Castellón, me despedí de ella con una sensación muy gratificante. La de haber conocido a una gran escritora y a una gran persona.

Ayer supe que le ha sido concedido, a sus 82 años, el Premio Nacional de las Letras Españolas por el conjunto de su obra.

Mi más sincera enhorabuena, Doña Ana María.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s