El teléfono móvil y la intimidad

motorolla

Cuando se entra en un Hospital o en determinados edificios públicos o privados, se recomienda que se apaguen los teléfonos móviles (llamados celulares en Latino América).

Esta medida que me parece cabal y lógica, sigue esa recomendación y obligación cuando se embarca en un vuelo. Allí ya está prohibida la conexión de esos aparatos y otros de índole electrónica por su interferencia en la electrónica de vuelo.

Pues bien, ahora, varias compañías, entre las que se encuentran Air France y Ryanair, han ultimado un acuerdo con Vodafone para que los pasajeros puedan utilizar el teléfono móvil en el avión.

Con esta medida, se producirá un hecho que entiendo va a ser una molestia para los pasajeros. La pérdida de la escasa intimidad que podemos gozar en esos aparatos y digo esto porque cuando se viaja en tren, la colección de sonidos que emiten esos aparatos por las innumerables llamadas y las conversaciones sin sentido e insulsas que se oyen durante todo el trayecto, confirman que esas llamadas están hechas, en su mayoría, como demostración de que YO TENGO UN TELÉFONO MÓVIL, nada más.

El teléfono móvil es un aparato que además de cumplir con una función importante, que es la de poder estar comunicado en cualquier instante y en cualquier parte del mundo, parece que da a su propietario o propietaria, un estatus muy superior al del resto de los mortales: Por los ruidos de los que es capaz de emitir, por las fotografías que es capaz de hacer, por los vídeos que es capaz de grabar, por los sonidos que es capaz de grabar, por la música que es capaz de reproducir, por la conexión a Internet, por ser un GPS, etc. etc.

Dicho esto, ¿os imagináis lo que puede significar un vuelo, digamos, de Barcelona a Lisboa o a Río de Janeiro, con un enjambre de teléfonos móviles sonando por todo el avión y con las conversaciones más insulsas que podáis suponer y a cualquier hora?

De locos, digo yo. Por eso aunque este avance en la tecnología permita el uso de los móviles en los aviones, sería de desear que al mismo tiempo, se dictaran unas normas de convivencia y que no colisionaran con el derecho al descanso de los pasajeros.

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